Una parte de la historia no se cuenta en los libros de escuela. Las bibliotecas se olvidaron de ella y sólo llena las páginas de los registros de defunciones. Las corporaciones responsables de ellas –fábricas de agrotóxicos- están cómodas en la distracción. Sus pócimas para el cultivo de alimentos son irrespirables y… sin respirar no se vive.
Guerra Civil en los EEUU. La mayor suministradora de pólvora al ejército de la Unión fue DuPont. Dupont, coinventora de los CFC (sustancias dañinas para la capa de ozono) hoy sigue en negocios químicos: es dueña de Pionner una de las impulsoras de semillas transgénicas resistentes a agroquímicos, especialmente el glifosato.
Segunda Guerra Mundial. El gas Zyklon B que se utilizaba en las cámaras de exterminio nazi, era un insecticida fabricado por IG Farben. Lo supieron millones de seres humanos. La herencia de IG Farben se repartió entre Bayer, BASF y Hoechst. Todo, excepto las responsabilidades penales.
1945. Mientras la bomba atómica mutilaba Hiroshima un barco americano viajaba también hacia Japón. En sus bodegas transportaba agrotóxicos. La guerra para estrenarlos tuvo que esperar. El ‘agente naranja’ destruyó millones de hectáreas de bosques y cultivos en la guerra del Vietnam (1956). Sólo los soldados americanos afectados por los efectos cancerígenos del veneno de Dow Chemical o Monsanto recibieron indemnización.
1984. La fábrica de pesticidas de Unión Carbide en Bhopal, India, escupió veneno y más de 10.000 personas murieron en pocos días. Otras 15.000 personas han fallecido en los años siguientes y más de 100.000 continúan con problemas de salud. Dow Chemical, que compró la Unión Carbide, tenía aprendido el negocio: la transacción no incluye responsabilidad sobre lo sucedido.
1979. Estados Unidos prohibió el uso del agrotóxico Nemagón. Dow Chemical, su productora, sabia de sus efectos sobre la salud de las personas que lo utilizaran. Pero alargaron la venta en las plantaciones de Centroamérica. Sólo en Nicaragua han muerto más de 1.400 trabajadores y trabajadoras expuestos al veneno.
2010. Se cierra el círculo. Una revista científica publica un estudio que demuestra que malformaciones observadas en humanos son compatibles con la exposición al glifosato durante el embarazo. Pero sigue en expansión la soja transgénica devota del glifosato de compañías como Monsanto, DuPont o Bayer.
Diario de Navarra. Gustavo Duch. 19 de abril de 2010
Un año después del inicio de la gripe H1N1 hemos aprendido mucho del sistema sanitario mundial. Investigaciones y denuncias a contracorriente han sido claves para desvelar los tejemanejes de la industria sanitaria junto con –digamos- el beneplácito de gobiernos y de la Organización Mundial de la Salud. Pero ¿qué hemos aprendido del sistema agroalimentario? Seguramente ustedes recordaran que lo que hoy llamamos Gripe A era denominada Gripe porcina, mostrando su relación con los virus influenza que se desarrollan en los cerdos. Y quizás también tienen presente una de las primeras suposiciones del origen del foco infeccioso, al niño Edgardo Hernández al que se le diagnosticó la enfermedad en el pueblecito de La Gloria en el Valle del Perote, México. Casi automáticamente no se dudó en señalar como principal sospechoso del contagio a las granjas Carroll instaladas en la zona. La relación de esas granjas industriales porcinas con la nueva gripe parecía evidente. Pero esa opción no se ha confirmado técnicamente por varias razones. La primera es que según los informes de los que dispone el Gobierno de México en estas granjas no hay gripe porcina y por lo tanto no puede ser la fuente contagiosa. Lamentablemente la información que utilizan los órganos competentes de México son sólo las informaciones que facilitan los veterinarios de la propia granja. La segunda son los resultados en la población de La Gloria. Una muestra del 10% de las 450 personas afectadas de algún proceso respiratorio, de una población total de 3.000 habitantes, ofreció, curiosamente, sólo un caso positivo: Edgardo.
Esas son las informaciones oficiales que contrastan con las presentadas recientemente por el profesor de Economía de la Universidad Autónoma de México, Octavio Rosas Landa a través de un documental disponible en www.grain.org. El documental y el trabajo de Rosas dejan claro el malestar de las poblaciones de dicha región hacia instalaciones como las granjas Caroll a las que acusan del contagio de la gripe y otros impactos sociales y ecológicos que les ha llevado a movilizaciones y reivindicaciones desde el 2005. Granjas Caroll pertenece a la mayor empresa productora de cerdos en todo el mundo, la estadounidense Smithfield Foods, y al igual que las otras granjas se fueron instalando en el Valle del Perote a partir de la firma del Tratado de Libre Comercio entre México, EEUU y Canadá. Sin aranceles de protección en las fronteras, el maíz de los Estados Unidos altamente subvencionado penetró rápidamente en el mercado mexicano empobreciendo a los agricultores locales. Mientras tanto Smithfield recibía denuncias por su comportamiento ambiental y por el trato dado a sus trabajadores allí donde estaba instalada. Algunos ejemplos: En 1985 un juez de la Corte de Justicia de Estados Unidos multó a Smithfield por contaminar el río Pagan, de Virginia. En 2000, organizaciones ambientalistas documentaron 36 demandas contra las operaciones de Smithfield en Carolina del Norte. En su informe de 2005, ‘Sangre, sudor y miedo’ la organización no gubernamental Human Rights Watch denunció los abusos de Smithfield y otras empresas cárnicas y avícolas de Estados Unidos realizados sobre sus trabajadores: dificultades para la sindicación, pocos medios para evitar lesiones y accidentes durante los trabajos y explotación de mano de obra inmigrante.
Así pues, la pobreza generada y las facilidades del gobierno mexicano permitieron la deslocalización de parte de la industria porcina de los EEUU hacia México donde se tendrán que preocupar menos por las condiciones laborales de los trabajadores y trabajadoras, y donde el seguimiento de las leyes medioambientales es mucho más laxo. Y aquí radica uno de los problemas: En instalaciones como las Caroll se albergan en cada uno de los módulos a unos 18.000 cerdos. En su caso, multiplicado por 8 módulos suponen más de 90.000 cerdos en una instalación. Granjas de este tamaño requieren de un manejo muy riguroso para minimizar sus efectos contaminantes. Pero buscando el abaratamiento de la producción, deslocalizar es sinónimo de rebajar los umbrales de seguimiento. El documental citado muestra cómo en las Granjas Carroll los cerdos muertos no son siempre incinerados, como marcan las normativas, sino depositados en fosas. Los desechos líquidos de las granjas se mantienen en unas lagunas de oxidación sin una correcta impermeabilización y todo muy cerca de suministros de aguas para la población. Más allá de los graves problemas ecológicos que se ‘exportan’ a países empobrecidos, este modelo de granjas no aporta ninguna riqueza a la zona: emplean a muy pocas personas, 12 o 13 por granja y la alimentación de los animales no se hace con sus productos locales sino con pienso que trae la propia multinacional. En definitiva, tenemos un negocio de producción de carne barata que buena parte de ella se vende después en los McDonald’s de los Estados Unidos a los emigrantes mexicanos. El virtuosismo perfecto. Muchos datos a la vista y ninguna reacción al respecto. ¿Qué fuerzas y qué intereses protegen a esta industria intensiva?
Consumo agroecológico, una opción política Esther Vivas
Los grupos y cooperativas de consumo agroecológico son una realidad cada día más presente a nivel local. Aunque se trata de experiencias que, en cifras totales, suman a un número reducido de personas, demuestran que es posible llevar a cabo otro modelo de consumo que tenga en cuenta criterios sociales y medioambientales.
Estos colectivos agrupan a gente de un mismo territorio (barrio, ciudad…) con el objetivo de llevar a cabo un consumo alternativo, ecológico, solidario con el mundo rural, relocalizando la alimentación y estableciendo unas relaciones directas entre el consumidor y el productor a partir de unos circuitos cortos de comercialización. Estos núcleos se constituyen mayoritariamente en las grandes ciudades donde hay una mayor distancia entre consumidores y productores/campesinos y su formato acostumbra a ser el de asociación o cooperativa.
En el presente artículo llamaremos a estos colectivos: “grupos y cooperativas de consumo agroecológico”. A pesar de que muchos de ellos se auto-definen a favor del consumo de productos ecológicos, consideramos que su práctica cotidiana se inserta más en los principios de la agroecología, con una carga no sólo ecológica sino también social y política [1].
Algunos modelos
En el Estado español, encontramos principalmente dos grandes tipologías de grupos y cooperativas de consumo agroecológico: aquellos que integran en su seno a consumidores y a productores y otros que sólo están formados por consumidores.
En el primer grupo destacarían experiencias como la cooperativa de producción y consumo Bajo el Asfalto está la Huerta! (BAH!) en Madrid, que se inspira en modelos europeos de larga trayectoria como las AMAP (Association pour le Maintien de l’Agriculture Paysanne) francesas, o muchas de las asociaciones históricas andaluzas como La Ortiga de Sevilla, La Breva de Málaga, El Encinar de Granada. Éstas buscan integrar en un mismo marco a productores y a consumidores consiguiendo un compromiso estable de solidaridad mutua, en la que los consumidores garantizan la compra total de la producción del campesino anticipadamente, solidarizándose tanto en los beneficios como en las pérdidas. En determinados proyectos, sus miembros trabajan algunos días al año en la finca apoyando a los productores.
En el segundo grupo encontramos a la mayoría de experiencias catalanas y otras cooperativas de referencia como Landare en Pamplona, Bio Alai en Vitoria, La Llavoreta en Valencia o Arbore en Vigo. En éstas, la relación consumidor y campesino es más laxa, basándose en una relación de confianza y conocimiento mutuo (con visitas periódicas a las fincas) pero donde cada uno trabaja en marcos separados. Algunos grupos y cooperativas mantienen una relación más estrecha con los campesinos con quienes trabajan y otras menos.
A pesar de compartir unos criterios ideológicos comunes existe, como vemos, una gran variedad de modelos organizativos, de relación con el productor/campesino, de formato de compra, etc. Por ejemplo, algunos grupos y cooperativas con el paso del tiempo han ido aumentando y adecuando la oferta a las necesidades de consumo de sus miembros. En la actualidad, muchos de éstos ofrecen lo que se llaman “cestas abiertas”, donde cada consumidor puede pedir periódicamente (en general cada semana) aquellos productos que necesita y pagar por los mismos, pero existen también otros formatos de “cestas cerradas” en las que el consumidor recibe periódicamente una cesta con productos del campesino con quien trabaja pagando siempre la misma cantidad (con el objetivo de garantizar anualmente la compra del producto que el campesino elabora).
Otro elemento que distingue a unos grupos y cooperativas de consumo agroecológico de otros es el grado de profesionalización de los mismos. Muchas de estas experiencias cuentan con personas contratadas que llevan a cabo tareas de gestión. Éste es el caso de muchas de las iniciativas históricas en Andalucía, Valencia, algunas en Catalunya u otras más nuevas en Galicia. A menudo, estos grupos y cooperativas cuentan con una tienda abierta al público, accesible tanto a socios como a no socios. Otras experiencias, en cambio, revindican u optan por un modelo sin personas liberadas, como es el caso de varias iniciativas catalanas.
Orígenes y evolución
Los primeros grupos en el Estado español surgieron a finales de los años 80 y principios de los 90. En Andalucía, a raíz de la constitución del Instituto de Sociología y Estudios Campesinos (ISEC) en la Universidad de Córdoba se introdujeron los principios de la agroecología dando lugar a experiencias como la cooperativa Almocafre en Córdoba (1994). Otras iniciativas andaluzas fueron La Ortiga en Sevilla (1993), El Encinar en Granada (1993), La Breva en Malága (1995) o El Zoco en Jaén (1995). En Catalunya, se constituyó El Brot en Reus (1987), El Rebost en Girona (1988) y Germinal en Barcelona (1993). En Pamplona se creó Landare (1992), en Valencia La Llavoreta (1993), en Euskadi Bio Alai (1993), entre otros.
La mayor parte de estas experiencias surgieron de núcleos militantes en movimientos sociales de la época, aunque hay distintas trayectorias y motivaciones tras cada una de ellas. En Andalucía, por ejemplo, se desarrollaron creando vínculos con el Sindicato de Obreros del Campo (SOC)[2]. En esta primera oleada, varias iniciativas se constituyeron formalmente como sociedad cooperativa mientras que otras optaron por el formato de asociación. Aunque es interesante observar como, con el tiempo, varias de estas últimas se legalizaron como cooperativa al considerar que era un modelo más adecuado a sus principios.
Una segunda oleada se produjo en los años 2000. En Catalunya se pasó de menos de diez cooperativas en el 2000 a más de noventa en la actualidad, sumando hoy en día a un total de 2880 unidades de consumo[3]. De éstas, un 86% se encuentran en la provincia de Barcelona y un 46% en la capital catalana[4].
En Madrid, a finales de los años 90 se impulsaron los Grupos Autogestionados de Konsumo (GAKs) por parte de varias personas que venían de movimientos sociales y que buscaban consumir de otra manera en base los principios de la soberanía alimentaria y la agroecología, y en poco tiempo sumaron a unos seis colectivos. Poco después, en el 2000, se creó Bajo el Asfalto está la Huerta![5] que dio lugar a diez grupos de consumo en diferentes barrios de Madrid, sumando un total de 130 unidades de consumo, y a un grupo de producción (encargado de trabajar los terrenos del colectivo), y que inspiró otras iniciativas madrileñas como Surco a Surco.
En otros territorios donde no existían experiencias de este tipo, como en Galicia, surgieron de nuevas. En Vigo, en el 2001, se creó la cooperativa Arbore[6], que hoy suma 290 unidades de consumo y que ha multiplicado por diez su número de socios inicial, a la vez que ha acompañado la creación de otras iniciativas gallegas como la cooperativa A Xoaninha en Ferrol.
A lo largo de los años 2000, aquellos grupos y cooperativas históricas vieron multiplicar sus miembros y aumentar sus socios, a la vez que fueron capaces de ofrecer una mayor variedad de productos. Germinal paso de tener un grupo a contar con cinco, principalmente en Barcelona, que suman un total de 200 unidades de consumo. Bio Alai en Vitoria tiene, según datos del 2008, 650 unidades. Landare en Pamplona vio multiplicar por cuarenta el número de socios en diecisiete años y hoy cuenta con 800 unidades familiares y calcula que unas cuatro mil personas se alimentan con productos de su tienda[6]. Y en este período han surgido nuevos grupos en Madrid, Murcia, Catalunya, Euskadi, País Valencià, Andalucía, Illes Balears, entre muchos otros territorios.
Es importante tener en cuenta como, en este período, organizaciones de comercio justo con una visión global y transformadora de esta práctica[8] empezaron a incluir en sus tiendas productos agroecológicos o a promover en sus locales grupos de consumo. Éste ha sido el caso de muchas de las organizaciones de la red del Espacio por un Comercio Justo[9], como la Xarxa de Consum Solidari en Barcelona que hoy cuenta con seis grupos de consumo agroecológico, Sodepaz en Madrid, A Cova da Terra en Lugo, Gira por el Desarrollo en Santander, Picu Rabicu en Xixón, entre otras. Poniendo de relieve la necesidad de “actualizar” el concepto de comercio justo Norte-Sur con una perspectiva más global de solidaridad y de justicia comercial y campesina “Norte-Norte” y “Sur-Sur” vinculada a la defensa de la soberanía alimentaria.
También debemos señalar la iniciativa ARCO (Agricultura de Responsabilidad Compartida) del sindicato campesino COAG, presentada públicamente en el 2009 pero en la que ya se venía trabajando desde el 2006, con el objetivo de promover los circuitos de cortos de comercialización (mercados de productores, grupos de consumo, cajas a domicilio, venta en explotaciones, comedores colectivos, etc.) y evitar intermediarios. La crisis en la que se encuentra el sector y las dificultades para acceder directamente a los consumidores ha llevado a los agricultores a buscar alternativas. Una experiencia que desde hace algún tiempo viene funcionando en Andalucía, Murcia, Madrid… adaptándose a la realidad de cada territorio y poniendo en contacto a campesinos con consumidores.
Causas y porqués
Pero, ¿cuáles han sido las causas de este aumento tan importante tras el año 2000 de los grupos de consumo agroecológico? Se podrían señalar dos grandes porqués. En primer lugar, el auge del movimiento “antiglobalización” dejó un sustrato de relaciones fértiles y de complicidades en lo local que facilitaron la creación de estos espacios, a la vez que se hizo evidente para muchos activistas la necesidad de vincular la lucha global con la práctica cotidiana. Esto explicaría que una nueva generación militante, muy activa en el movimiento “antiglobalización”, participara a posteriori en estas experiencias de consumo alternativo, ya fuese como usuarios o como promotores.
Un segundo elemento sería la creciente toma de conciencia del impacto negativo del actual modelo agroalimentario y sus efectos en la salud. La multiplicación de casos como las vacas locas, los pollos con dioxinas, la gripe aviar… ha hecho que cada vez más personas se preocupen acerca de cómo se ha elaborado o de dónde proviene aquello que comemos. De este modo, aunque sea a partir de una preocupación individual, más personas optan por consumir productos ecológicos.
Este aumento de los grupos y las cooperativas de consumo planteó la necesidad de establecer marcos de coordinación y de apoyo mutuo. En Andalucía se creó en 1995 la Federación Andaluza de Consumidores y Productores Ecológicos y Artesanales (FACPE), que agrupa a las asociaciones y cooperativas agroecológicas históricas andaluzas (El Encinar, La Breva, La Ortiga, El Zoco, Almocafre) y algunas de más jóvenes (Serranía Ecológica en Ronda, La Borraja en Cádiz, etc)[10]. La FACPE cuenta con una junta directiva, un equipo técnico y varias comisiones de trabajo y su objetivo es apoyar a las organizaciones miembros, disponer de criterios de distribución y producción propios y llevar a cabo acciones de sensibilización. Hay que tener en cuenta que la mayoría de sus miembros son asociaciones o cooperativas compuestas por productores y consumidores.
En Catalunya, en el 2005 se legalizó la Coordinadora Catalana de Organizaciones de Consumidores de Productos Ecológicos Ecoconsum, que ya venía trabajando desde hacía años, y que en la actualidad agrupa a unos veinte grupos, principalmente aquellos que llevan más tiempo funcionando y con estructuras más consolidadas[11] mientras que resulta difícil integrar aquellos más jóvenes y pequeños. Hay que tener en cuenta que en Catalunya existen unos noventa colectivos. Ecoconsum no cuenta con personas contratadas sino que se basa en el trabajo voluntario de sus miembros a través de comisiones y tan solo reúne a consumidores, ya que en Catalunya prácticamente no existen asociaciones que integren consumo y producción. Posteriormente, surgió un nuevo espacio, con el nombre de La Repera, que tenía por objetivo ser un marco de encuentro entre grupos de consumo y productores. En su primer jornada, en 2008, participaron unas 110 personas, aunque con el tiempo se ha evidenciado la dificultad por mantener este espacio como un mecanismo estable de coordinación entre consumidores y campesinos, más allá de encuentros anuales y de una buena sistematización de datos y experiencias[12].
En Madrid existió, antes del 2005, la Coordinadora de Grupos de Consumo Agroecológico que agrupaba a una decena de colectivos, pero tensiones internas hicieron fracasar esta iniciativa. A posteriori, se constituyó la Coordinadora de Grupos de Consumo Ecológico de Madrid formada por algunos de los grupos más consolidados, unos nueve, con el objetivo de resolver asuntos logísticos y gestionar pedidos mayores, aunque muchos no participan en este espacio como los GAKs, el BAH! u otros que tienen, cada uno, marcos propios de coordinación para sus grupos miembros. También en Madrid, desde hace poco, se han intentado promover espacios de encuentro entre consumidores y productores como los encuentros de La Rehuerta.
Otras experiencias de coordinación se han llevado a cabo en Galicia, Illes Balears, Murcia… A nivel estatal, aunque han habido intentos para impulsar una red o una coordinadora estatal, éstos no han acabado de prosperar.
Límites y oportunidades
La multiplicación de grupos y cooperativas de consumo agroecológico plantea una serie de oportunidades, pero el desarrollo llevado a cabo hasta el momento también pone de relieve una serie de límites.
a) “Comer bien” versus activismo político. En muchos de los grupos de consumo encontramos, a grandes rasgos, dos sensibilidades. Por un lado, sectores interesados en “comer bien” y con poca trayectoria activista y por el otro personas que provienen de movimientos sociales y que ven los grupos de consumo como espacios políticos y de militancia. El equilibrio entre estas dos sensibilidades no es siempre fácil e implica de debates a fondo sobre los principios y objetivos del grupo, a la vez que los sectores más activistas no siempre comparten unos mismos criterios, por ejemplo en relación al consumo de carne.
Pero si consideramos a los grupos de consumo como un instrumento de transformación político y social, con voluntad de oponerse a un determinado modelo de producción y distribución en manos de la industria agroalimentaria, la perspectiva de acción política colectiva es fundamental. Una opción que sólo busque el “comer bien” fácilmente puede ser cooptada por un discurso y una práctica capitalista verde. En Catalunya, por ejemplo, han surgido los supermercados Veritas que venden productos certificados como ecológicos, pero donde lo mismo da si una manzana es africana que catalana siempre y cuando esté certificada. En éstos, los criterios de proximidad, derechos laborales, etc., no distan mucho de los de la gran distribución.
Las potencialidades de esta acción política colectiva se pusieron de manifiesto, en Catalunya, en la recogida de más de cien mil firmas a favor de una Iniciativa Legislativa Popular (ILP) contra los transgénicos promovida por la Plataforma Som lo que Sembrem. Aunque ésta finalmente fue tumbada en el Parlamento Catalán en julio del 2009. Pero es fundamental concienciar a aquellos sectores menos politizados que si queremos “comer bien” esto implica necesariamente una acción política. En el caso de los transgénicos está muy claro. Si no se prohíbe su cultivo (en el que el Estado español es abanderado en Europa cultivando incluso variedades prohibidas en otros países) habrá día en que toda la agricultura, tanto ecológica como convencional, será transgénica, fruto de los procesos de contaminación de esta última. O paramos los transgénicos, y para hacerlo tenemos que salir a la calle, o ya podemos decir adiós al consumo ecológico.
b) ¿Una gestión y participación que nos paraliza? Pero el día a día de buena parte de estos grupos de consumo acaba centrándose en tareas cotidianas de gestión: contabilidad, pedidos, limpieza, control de stocks…, que restan tiempo y esfuerzo a una acción y a un debate político más allá del consumo. Asimismo, la disponibilidad de tiempo que requieren provoca, por un lado, una alta rotatividad entre sus miembros, que les resta fuerza y capacidad de consolidación (muchas personas al no poder seguir el ritmo abandonan el grupo), y, por el otro lado, hace que personas o activistas, con poca disponibilidad horaria, no puedan participar.
Para dar respuesta a estos problemas, algunos grupos y cooperativas han optado por profesionalizarse y contar con personal contratado para realizar determinadas tareas de gestión, pero esto, a menudo, les ha restado implicación de una parte importante de sus socios. Aunque la participación activa en aquellos grupos que sólo cuentan con voluntarios tampoco está asegurada ni es muy elevada.
Otro elemento a tener en cuenta en el funcionamiento de estas experiencias, principalmente en las que no cuentan con personal contratado, es la gran cantidad de tiempo que requieren los procesos de toma de decisiones, con múltiples reuniones de trabajo y largas asambleas, que pueden generar frustración y parálisis en la propia organización. Si bien buscar la participación activa de la mayor parte de los miembros es fundamental para contar con organizaciones vivas y saludables, también es clave distinguir entre aquellos temas que requieren debates profundos y a largo plazo de los que tienen un carácter más bien técnico. De lo contrario, la “participación” puede quedar relegada tan solo a quienes cuentan con más tiempo y disponibilidad y acabar excluyendo a una parte importante de los socios.
c) La cooperativa como fin o como instrumento. También es necesario reflexionar acerca del valor estratégico que algunos de sus miembros dan a estos grupos como instrumento de transformación. Aunque estas experiencias tienen un valor simbólico importante, demostrando que es posible llevar a cabo otro modelo de consumo, éstas no pueden ser un fin en si mismas y no podemos considerar que su mera generalización nos conducirá a un cambio de modelo y de sociedad. La realidad en que vivimos requiere de cambios profundos en multitud de ámbitos.
Las cooperativas y los grupos de consumo son una pieza más de un complejo engranaje para transformar el actual modelo político, económico y social. Éstas tienen que aliarse con otros actores sociales (campesinos, trabajadores, mujeres, ecologistas, ganaderos, pescadores…) para cambiar el actual modelo agroalimentario, pero a la vez deben de ir más allá y unirse a otros colectivos, participar en otros espacios (foros sociales, contra-cumbres, campañas contra la crisis, plataformas amplias…) para colectivamente conseguir anteponer un paradigma político que ponga en su centro a las personas y al planeta.
La lógica capitalista que impera en el actual modelo agrícola y alimentario es la misma que afecta a otros ámbitos de nuestras vidas: la privatización de los servicios públicos, la especulación con el territorio y la vivienda, la deslocalización empresarial, la precariedad laboral, etc. Cambiar este sistema agroalimentario implica un cambio radical de paradigma y la crisis múltiple del capitalismo en la que estamos inmersos (financiera, climática, social, política, alimentaria, energética) lo pone claramente de manifiesto.
d) Una relación igualitaria entre consumidor y campesinado. Hay que señalar también qué tipo de relaciones se establecen entre consumidores y campesinos/productores y qué intereses tienen unos y otros. Del mismo modo que hay que rechazar una relación puramente mercantil entre ambos, no es positivo tampoco caer en una mistificación de la práctica campesina ni de aquellos que la ejercen. Los grupos y cooperativas de consumo tienen unas necesidades específicas de consumo (rutinas en su funcionamiento, oferta amplia, calidad de los productos…) que a veces pueden no casar con los del campesinado (producción limitada, varios clientes, rutas de reparto…). Debemos de considerar estas “tensiones” como naturales entre actores que juegan roles distintos. Los consumidores tienen que ser conscientes que consumir de “otro modo” implica adaptarse a las características de un determinado modelo de producción agroecológica y los campesinos tienen que aceptar unas rutinas y prácticas organizativas. Lo que es fundamental es que estas relaciones se establezcan de igual a igual, en base a la confianza y el conocimiento mutuo, rompiendo con una práctica y una lógica mercantil.
e) Crecer, ser viables y mantener unos principios. Uno de los retos actuales de los grupos y cooperativas de consumo es cómo llegar a más gente pero manteniendo unos principios ideológicos claros. Varios son los problemas que se plantean. Por un lado, el considerable aumento de estas experiencias, por ejemplo, en Catalunya ha generado algunos problemas de suministro. La demanda crece pero el porcentaje de personas que trabajan en el campo, y desde una perspectiva agroecológica, no lo hace al mismo ritmo. El Estado español es uno de los países con más producción ecológica de Europa, pero la mayoría de ésta se destina a la exportación. Además, asistimos a una creciente descampesinización del mundo rural, el empobrecimiento del campesinado es cada vez mayor, situación que deja nuestras necesidades alimenticias en manos de la industria. Sin un mundo rural vivo, nuestra seguridad alimentaria está gravemente amenazada. Es fundamental una perspectiva de solidaridad campo-ciudad.
Por otro lado, ¿cómo llegar a más gente manteniendo unos criterios de ruptura con el modelo agroalimentario actual? Varios son los grupos y las cooperativas de consumo que dicen no querer crecer y mantenerse en un número determinado de miembros que permita su viabilidad. Pero, si queremos cambiar el actual orden de cosas es fundamental llegar a más gente. ¿Cómo hacerlo? Es aquí donde se plantean opciones y debates como la contratación de personal que realice algunas tareas logísticas. Para algunos, esto significa no respetar el modelo, para otros la única manera de ir más allá. Lo que es importante es que, de un modo u otro, se mantengan unos determinados criterios políticos vinculados a la soberanía alimentaria y a la agroecología. Un grupo de consumo que sólo funcione con personas voluntarias no es inmune a adoptar criterios de compra totalmente laxos en lo que respecta a los principios agroecológicos y una experiencia profesional puede funcionar con unos criterios políticos muy claros y además insertarse en el marco de la economía cooperativa y solidaria, reivindicando que otra economía y que otra práctica comercial es posible, como pasa con experiencias como Arbore en Galicia o la Xarxa de Consum Solidari en Catalunya, por citar algunas.
Otro elemento a tener en cuenta al analizar el auge de estas experiencias es la capacidad de coordinación entre las mismas. En los territorios con un mayor número de grupos y cooperativas de consumo se han consolidado coordinadoras y federaciones que cumplen este papel, pero que, mayoritariamente, sólo reúnen a una parte de estas iniciativas, mientras que muchas otras quedan fuera. El gran reto está en hacer que estos instrumentos de coordinación sean realmente útiles.
Asimismo, tenemos que plantearnos de qué marcos nos dotamos para una mayor coordinación entre los grupos de consumo y otros actores que trabajan en la misma dirección. Algunas cooperativas ya incluyen a consumidores y a productores, pero muchas otras no. Para mejorar el contacto entre ambos, se están lanzando iniciativas que permitan coordinar a aquellos que consumen con quienes trabajan la tierra. Se trata de experiencias como La Repera en Catalunya o La Rehuerta en Madrid.
En un sentido más amplio existe Plataforma Rural[13], un espacio donde se encuentran organizaciones campesinas, ecologistas, ONGs, cristianos de base, consumidores, comercio justo… con el objetivo de trabajar por un mundo rural vivo y que en encuentros celebrados cada dos años acuerdan líneas de trabajo y acciones a favor de la soberanía alimentaria, contra los transgénicos, de denuncia de la Política Agrícola Comunitaria (PAC), etc.
Precisamente, en el último encuentro, en el 6º Foro por un Mundo Rural Vivo, en Andorra (Teruel) se aprobó lanzar un proceso de construcción de redes a favor de la soberanía alimentaria desde lo local, que se le ha llamado Alianza por la Soberanía Alimentaria de los Pueblos. Y es aquí donde campesinos y consumidores tienen mucho que decir, junto con otros actores. Este proceso ya está en marcha en varios territorios (Madrid, Andalucía, Galicia, País Valencià, Euskadi, Catalunya, Castilla-La Mancha…) y puede ser una muy buena oportunidad para fortalecer alianzas e ir más allá en la defensa de la soberanía alimentaria aunando a varios colectivos y creando redes con otras campañas y plataformas.
La alimentación es algo que nos atañe a todos. Pero “comer bien” implica cambiar el actual modelo agroalimentario industrial y para hacerlo hay una premisa imprescindible: cambiar el sistema.
Esther Vivas es coautora de los libros Del campo al plato (Icaria editorial, 2009) y Supermercados, no gracias (Icaria editorial, 2007), militante de Izquierda Anticapitalista y miembro de la redacción de VIENTO SUR.
Artículo publicado en la revista Viento Sur, nº108. http://www.vientosur.info
[1] Para un análisis más detallado del concepto de agroecología ver: Altieri, M. (1999) Agroecología. Bases científicas para una agricultura sustentable, Nordan-Comunidad, Montevideo.
[2] Ver: Daniel López García (2009) “Agroecología y soberanía alimentaria: dos conceptos en movimiento” en Pueblos, nº 30, pp. 36-38.
[3] Las unidades de consumo son aquellos núcleos de personas que adquieren periódicamente una cesta con productos campesinos. Normalmente se trata de una familia, personas que comparten piso, etc.
[4] Según datos de Descombes, C. (2009) Identificació i tipologia de possibilitats de comerç en circuits curts en: http://www.biotacc-project.com/Ressources/WP3_Transf_Solutions/CircuitsCourts/traductions/Pr%E9sentation%20Charles%20Andr%E9%20Circuits%20Courts_CAT.pdf; Vivas, E. (2009) Grups i cooperatives de consum agroecològic a Barcelona en: http://esthervivas.wordpress.com
[5] Más información de la cooperativa Bajo el Asfalto está la Huerta! en: http://bah.ourproject.org
[6] Más información sobre la cooperativa Arbore en: http://www.arbore.org
[7] Ver Diario de Navarra, 14/06/09: http://www2.noticiasdenavarra.com/ediciones/2009/06/14/sociedad/navarra/d14nav12.1626125.php
[8] Vivas, E. (2006) “Los quienes y el qué en el movimiento del comercio justo” en Montagut, X. y Vivas, E. ¿Adónde va el comercio justo? Icaria editorial, Barcelona.
[9] Más información del Espacio por un Comercio Justo en: http://www.espaciocomerciojusto.org
[10] Más información de la Federación Andaluza de Consumidores y Productores Ecológicos y Artesanales (FACPE) en: http://www.facpe.org
[11] Los miembros de Ecoconsum son Cydonia, El Brot, El Rebost, Germinal, La Manduca, Xarxa de Consum Solidari, El Cabàs, El Garrofer, El Rostoll Verd, L’Almàixera, L’Estrella, Vallgorganics, CEPA, I un rave!, Tota Cuca Viu, Userda9, El Rec, El Teixit de la Terra, Verdneda. Más información de Ecoconsum en: http://www.ecoconsum.org
[12] Ver web de La Repera en: http://repera.wordpress.com
[13] Más información de Plataforma Rural en: http://www.nodo50.org/plataformarural
Anar a comprar al supermercat s'ha convertit en una pràctica quotidiana. De fet, un 80% de les nostres compres es porten a terme en grans cadenes de distribució com ara Carrefour, Alcampo, Eroski, El Corte Inglés i Mercadona, etc. Malgrat que mengem i consumim diàriament, i molt sovint ho fem mitjançant la compra en supermercats, poques vegades ens aturem a pensar en les conseqüències que aquest model té per tots aquells que participen en la cadena de comercialització: pagesos, treballadors, consumidors, comerç local. Ara pot ser un bon moment per plantejar-nos aquestes qüestions.
Alguns impactes
La concentració empresarial en cada un dels trams de la cadena agroalimentària va a més i el sector de la distribució no n'és una excepció. La dinàmica a Europa, per exemple, apunta a una tendència ascendent. A Suècia, tres cadenes de supermercats controlen el 95,1% de la quota de mercat, a Dinamarca tres cadenes monopolitzen el 63,8%, i a Bèlgica, Àustria i França unes poques companyies dominen més del 50%. Cada dia tenim menys portes d'accés als aliments, a la vegada que el productor té menys opcions d'arribar a nosaltres. El poder de la indústria agroalimentària és total i la nostra alimentació ha quedat supeditada als seus interessos econòmics.
Aquest model de distribució al detall, que s'ha generalitzat en els darrers cinquanta anys a l'Estat espanyol, comporta un empobriment generalitzat de l'activitat pagesa, l'homogeneïtzació d'allò que consumim, la precarització dels drets laborals tan en els seus centres comercials com en aquells que els proveeixen, la pèrdua del comerç local, la promoció d'un model de consum insostenible i irracional. Vegem algunes xifres.
El diferencial entre el preu en origen d'un producte (pagat al pagès) i en destí (el que paguem en un 'súper') és una mitja del 490%, segons xifres del sindicat camperol COAG, però en alguns aliments aquest pot arribar a superar amb escreix el 1.000%, com és el cas de les patates, els tomàquets, els cogombres o les pastanagues. Mentre, la gran distribució es qui s’emporta el benefici. Aquesta situació comporta un creixent empobriment de la població pagesa, amb una disminució anual de la seva renta del 26% en els darrers cinc anys. Amb aquestes dades no ens hauria de sorprendre que cada tres minuts a Europa desaparegui una explotació camperola, segons dades de La Vía Campesina, ja que els petits productors no poden competir amb l’agroindústria.
En l’àmbit laboral, el treballador està sotmès a ritmes de treball intensos, tasques repetitives i poca autonomia de decisió, que comporten malalties com l’estrès, l‘esgotament, els dolors crònics a l’esquena i cervicals, etc. A més, els horaris laborals altament flexibles, en funció dels interessos productius de l’empresa, dificulten la conciliació de la vida laboral amb la social i familiar, fent que el treballador arribi a perdre fins i tot el control sobre el seu temps lliure.
L’impacte en el petit comerç és devastador. Si l’any 1998 hi havia a l’Estat espanyol 95 mil tendes, al 2004 aquesta xifra s’havia reduït a 25 mil. El comerç tradicional d’aliments ha patit una erosió constant i imparable des dels anys 80, arribant a ser a dia d’avui quasi residual.
Alternatives
Però, podem viure sense supermercats? Els grups i les cooperatives de consum agroecològic, la compra directa al pagès, el comerç local, les cistelles a domicili, anar al mercat són algunes opcions alternatives que impliquen un model de comercialització de proximitat, establint una relació directa i solidària entre el pagès/el camp i el consumidor/la ciutat. Es tracta d’opcions de compra que van en augment. Si abans de l’any 2000 a Catalunya tan sols existien deu grups de consum ecològic, avui en dia aquesta xifra arriba quasi al centenar.
Aquesta acció col.lectiva en l’àmbit del consum és fonamental per començar a canviar dinàmiques i arribar a més gent. Sovint se’ns parla del nostre poder individual com a consumidors, però malgrat que l’acció individual aporta coherència i és demostrativa, per si sola ben poques coses podrà canviar. La perspectiva política és clau. Per exemple, jo puc formar part d’una cooperativa de consum i optar per la compra d’aliments ecològics, però si no es prohibeixen els transgènics hi haurà dia en que tant l’agricultura convencional com l’ecològica estarà contaminada, fruit d’una coexistència impossible. Per tant, cal mobilitzar-nos, sortir al carrer i exigir que volem unes polítiques agrícoles i alimentàries que garanteixin un consum saludable, respectuoses amb la natura i que tinguin en compte els drets de la pagesia i els treballadors.
La lògica capitalista que impera en l’actual model agrícola i alimentari és la mateixa que afecta a d’altres àmbits de les nostres vides: la privatització dels serveis públics, l’especulació amb la vivenda, la deslocalització empresarial, la precarietat laboral. Canviar l’actual sistema agroalimentari implica un canvi radical de paradigma. I per fer-ho l’acció política i la creació d’aliances amb d’altres actors socials (camperols, treballadors, ecologistes, feministes...) és imprescindible.
Esther Vivas és coautora del llibre Supermercados, no gracias (Icaria editorial, 2007). Article publicat a La Directa, núm. 171.
Grupos y redes en defensa de la soberanía alimentaria de distintos territorios del Estado español se reunieron el 19 y 20 de febrero en Vinyols i els Arcs (Tarragona) para avanzar en la construcción de la Alianza por la Soberanía Alimentaria de los Pueblos. Unas cincuenta personas representantes de colectivos impulsores de esta iniciativa en Castilla y León, Andalucía, Catalunya, Madrid, País Valencià, Castilla-La Mancha, Euskal Herria, Extremadura, Galicia y Asturias se encontraron para debatir acerca de los objetivos y del plan de trabajo a llevar a cabo.
En palabras de Paul Nicholson, del sindicato agrario EHNE y de La Vía Campesina: “La Alianza por la Soberanía Alimentaria de los Pueblos quiere ser un movimiento social. No estamos haciendo una nueva organización ni plataforma. Queremos apoyar las actividades que se dan en lo local, nunca sustituir, y construir una propuesta política de acción entorno a la soberanía alimentaria a medio y a largo plazo”.
El encuentro sirvió para intercambiar experiencias, dotarse de un marco de coordinación y de trabajo estatal, enfatizando la autonomía local, y acordar algunas temáticas clave como la lucha contra los transgénicos o la Política Agraria Común (PAC), entre otros temas, a la vez que se asumieron algunas fechas importantes de movilización como el 17 de abril, jornada internacional de lucha campesina, y un próximo encuentro en invierno del 2010.
Un movimiento desde la base
Desde su lanzamiento a finales del 2008, en el 6º Foro por un Mundo Rural Vivo organizado por Plataforma Rural, se han ido creando, poco a poco y con ritmos distintos, redes y espacios en varios territorios del Estado español con el objetivo de construir esta alianza de “abajo a arriba”. Unos marcos de trabajo que en cada lugar se han dotado de un modelo organizativo propio y han establecido unas prioridades en función de sus realidades locales, aunque hay un elemento común: todos comparten la voluntad de sumar en un mismo espacio a campesinado, grupos de consumo, ecologistas, ONGs, feministas, colectivos de comercio justo, apostando por la creación de “solidaridades” entre el campo y la ciudad y por la construcción de la soberanía alimentaria desde lo local.
Pero, ¿cuáles son las perspectivas de futuro de este proceso? Debemos de señalar que el propio lanzamiento de esta iniciativa es un paso adelante muy importante para consolidar la construcción de redes a favor de la soberanía alimentaria. Asimismo, el peso dado al trabajo y a la coordinación local es fundamental para la consolidación y el arraigo de una iniciativa de estas características, pero sin olvidar la coordinación estatal y la perspectiva global que da el marco de La Vía Campesina.
Otro elemento es la voluntad de crear “movimiento social” apoyando iniciativas ya existentes, como marcos de trabajo e intercambio entre productores y consumidores. Es necesario un movimiento social, amplio y combativo centrado en la movilización a favor de la soberanía alimentaria, en un contexto de crisis alimentaria global y de empobrecimiento del campesinado familiar tradicional, dando un peso específico a las aportaciones feministas, ya que la lucha por la soberanía alimentaria, visto el papel de la mujer en el campo y en el sistema alimentario, requiere de una perspectiva antipatriarcal.
Otro reto es la coordinación tanto territorial, entre los distintos núcleos, como sectorial, entre las redes que participan en la Alianza (ecologistas, comercio justo, mujeres, campesinos, consumidores), estableciendo convergencias con otros movimientos sociales.
Las resistencias a favor de la soberanía alimentaria de los pueblos en el Estado español han empezado a dar sus primeros pasos, pero queda mucho camino, discusiones, debates y aportaciones. El reto no es nada fácil, pero el escenario que plantea el actual contexto político, social, económico, alimentario, medioambiental urge de propuestas de este tipo.
La primera semilla: Nyeleni
Este proceso se enmarca en el llamado internacional de La Vía Campesina a crear redes regionales a favor de la soberanía alimentaria. Esta propuesta surgió del Foro Internacional por la Soberanía Alimentaria, en febrero del 2007 en Malí, con el nombre de Nyeleni, en honor a una campesina maliense. Un foro en el que participaron más de 500 representantes de organizaciones campesinas, pescadores, pastores, consumidores... de más de ochenta países y que fue impulsado por La Vía Campesina, junto con otros movimientos sociales como la Marcha Mundial de Mujeres, el Foro de los Pueblos Pescadores, Amigos de la Tierra, entre otros.
Hoy encontramos que más del 75% de los cultivos que nutren la humanidad y el 35% de la producción de alimento dependen todavía de los polinizadores, es decir, en mayor parte abejas. Pero las abejas estan desapareciendo. El único enemigo verdadero de la abeja, su solo predador a la escala planetaria, es el hombre moderno. Albert Einstein previno a la humanidad: “si la abeja desapareciera de la superficie del globo, el hombre no tendría más que cuatro años a vivir, no más polinización, no más hierba, no más animales, no más hombres”.
Motín en las colmenas
Las abejas trashuman hacia la nada. Las abejas desertan por decenas de millones. Las colmenas se vacían en menos de una semana. Es una nueva catástrofe para el mundo apícola (y sin duda para el mundo entero) puesto que ésta se anuncia de amplitud planetaria. Se llama “síndrome del colapso de las colonias”.
En los E.U.A., los expertos apícolas están totalmente desorientados. Hasta invocan un “misterio”. En efecto, las abejas desaparecen “limpiamente” sin dejar cadáveres. Las colmenas llenas de miel y de polen no son saqueadas por otras abejas u otros insectos. Es una maldición que se cierne sobre las colmenas.
Sin embargo, los expertos apícolas no desesperan de encontrar la poción milagrosa, de salvar, una vez más, su industria puesto que así la califican. Pusieron sobre la huella de las abejas dadas por desaparecidas los mejores detectives-virólogos. El reto es inmenso: no hay abejas, no hay polinización, no hay cosechas, no hay dólares. El bípedo que se autoproclamó amo de la esfera planetaria está muy enojado. Las abejas hacen la huelga de la polinización, las traviesas se niegan a libar.
Pues, ¿Qué no tendrían ningún reconocimiento las abejas para esta “industria apícola”? que las mimó durante decenas de años prodigándoles:
- un hogar: con bellas colmenas todas cuadradas.
- las mejores medicinas: los antibióticos más potentes (como la teramicina) y los acaricidas más performantes (Apistan y el muy novedoso Hivastan)
- alimento a saciedad: sabroso azúcar blanco de remolacha, jarabe de maíz procesado a partir de los mejores caldos transgénicos y, claro está, complementos nutricionales (elaborados, por ejemplo en los E.U.A., a partir de aceite de algodón transgénico, de aceite de soya transgénica, de aceite de colza transgénica…).
- viajes todo pagado sobre miles de kilómetros para descubrir los desiertos agrícolas occidentales.
- Un botín asegurado gracias a los monocultivos tan extensos que se pierden de vista al salir de la colmena.
- polen y néctar enriquecidos con un cóctel de moléculas aperitivas: fungicidas, insecticidas, herbicidas.
- procreación asistida con una selección de las mejores reinas inseminadas artificialmente.
Una catástrofe dentro de poco planetaria
En diciembre 2006, la universidad de Pennsylvania hizo una encuesta involucrando a varios apicultores de la región este de los E.U.A. Estos apicultores (dueños de 200 a 3000 colmenas) habían sufrido pérdidas de 30 hasta 90% de su colmenar. Para uno de los apicultores, solamente 9 colonias habían sobrevivido sobre 1200.
En el conjunto de los E.U.A, desde el final del otoño 2006 las pérdidas registradas son del orden del 60 % en la costa oeste hasta el 90 % en algunos estados del este y del sur del país. Según las últimas estimaciones, son cerca de 1,5 millones de colonias que habrían muerta en los E.U.A. y 27 estados están afectados.
Recordamos que el número de colmenas era de 6 millones en 1947 y es de sólo 2,4 millones en 2005.
En Francia, la pérdida de colonias se estima entre 300.000 y 400.000 cada año, y esto desde 1995. El invierno 2005/2006 fue particularmente dramático puesto que desaparecieron de 15 a 95% de las colonias, según los apicultores (90). En abril 2007, en la Martinica, un apicultor perdió 200 colonias en el espacio de pocos días.
En el Québec (2), un promedio de 40% de las colmenas se reportaron vacías en el pasado invierno. Sin embargo, algunos apicultores han perdido hasta el 75% e incluso el 100% de sus colonias.
En Ontario, Canadá, el invierno pasado algunos apicultores reportaron desertadas hasta 60% de sus colmenas y cerca del 40% para el colmenar a nivel nacional (50).
Las cifras avanzadas son de 400.000 colmenas vacías para Polonia, 600.000 colmenas vacías para España.
En Alemania, según Manfred Hederer, presidente de la Asociación Alemana de Apicultores, 25% de las colonias habrían sido diezmadas pero algunos apicultores reportan hasta 80% de pérdidas de sus colmenas.
En Taiwán, en abril 2007, se publicaron los primeros informes de una misteriosa desaparición de las abejas. Un apicultor reportó la pérdida de 80 de sus 200 colmenas.
En Suiza, algunas regiones lamentan la pérdida del 80% de sus colonias (36). Las pérdidas nacionales serían de la orden del 30% pero ciertos apicultores han perdido la totalidad de sus colonias (37). Había 45.000 apicultores en Suiza en 1900. Sólo quedan ahora 19.000 pero esta cifra está a la baja. Entre las dos guerras mundiales había 350.000 colmenas. Hoy, sólo quedan 190.000.
El síndrome del colapso de las colmenas hace estragos en Portugal, en Grecia, en Austria, en Inglaterra.
¿Es el síndrome del colapso de las colmenas un ultimátum? ¿Sería una llamada desesperada de las abejas con el fin de despertar a la humanidad?
Síndrome del colapso de la colmena
En los E.U.A., este síndrome fue calificado recientemente de “Colony Collapse Disorder” y reemplazó denominaciones tales como “colapso del otoño”, “Enfermedad de mayo”, “Enfermedad de desaparición”, etc.
En Inglaterra, el síndrome es calificado de "Fenómeno María Celesta" (del nombre del barco cuyo equipaje se volatilizó en 1872)
¿Cuáles son los síntomas de este síndrome? En las colmenas ya colapsadas:
- Ausencia total de insectos adultos en la colmena con pocas o ninguna abejas muertas, dentro o delante de la colmena.
- Infección considerable de las pocas abejas que se encuentran todavía en la colmena. Todos lo virus conocidos como nefastos para las abejas están presentes, así como hongos. Algunas abejas están afectadas por media docena de virus.
- Presencia de cresa operculada.
- Presencia de reserva de alimento dentro de la colmena, miel y polen que primero, no son saqueados inmediatamente por otras abejas y segundo, cuando están atacados por parásitos tales como la Falsa Polilla (Galleria mellonella) o el Pequeño Coleóptero de las colmenas (Aethina tumida,) sólo lo son tardíamente.
En las colmenas que se están colapsando:
- El número demasiado restringido de las trabajadoras no les permite ocuparse de la cresa.
- Las trabajadoras son principalmente jóvenes adultas.
- La reina está presente.
- El enjambre se niega a consumir alimento traída, tal como jarabe de maíz o suplementos proteínicos.
Otoños sin frutas
En los E.U.A., son 90 plantas alimenticias que son polinizadas por las abejas. Se estiman a 14 mil millones de dólares el valor comercial de los cultivos polinizados por las abejas. En Florida (1), la cosecha de manzanas esta comprometida. Solamente para las manzanas (polinizadas al 90% por las abejas), el valor es de 2,1 mil millones de dólares.
En todo el planeta, las abejas son las portadoras de polen, ellas son las polinizadoras por excelencia. Según Bernard Vaissière, especialista de los polinizadores del INRA, “Hoy encontramos que más del 75% de los cultivos que nutren la humanidad y el 35% de la producción de alimento dependen todavía de los polinizadores, es decir, en mayor parte abejas. Pero las prácticas de producción y los paisajes agrícolas que resultan han evolucionado considerablemente estos últimos años de tal manera que ahora los polinizadores muchas veces son demasiado escasos para poder polinizar los cultivos de manera confiable y eficiente.
Nuestros resultados aportan un vibrante recuerdo sobre el papel esencial que juegan los polinizadores en nuestra vida cotidiana, en particular a nivel de nuestra alimentación puesto que su actividad polinizadora nos permite tener numerosos productos alimenticios esenciales pero también agradables como el café y el chocolate y los frutos de cáscara, y la mayor parte de las frutas y vegetales” (81).
En los E.U.A., sobre las 2,4 millones de colmenas que hay en el país, se alquilan habitualmente 1,5 millones para servicio de polinización. La situación es tan catastrófica que en 3 años el costo de renta de una colmena casi triplicó para llegar a 135 dólares.
En 2007, dado la emergencia, los E.U.A. llamaron a Australia para la importación masiva de colonias de abejas. La competencia hacía furor en abril entre los vergeles de manzana (4) de los estados de New-York y de Pennsylvania, y los productores de mirtillos en el estado del Maine.
Pesticidas y campos de la muerte
Las abejas desaparecían tanto en las regiones agrícolas invadidas por quimeras genéticas como en las regiones agrícolas en las cuales no son cultivadas, o solamente en parcelas experimentales. ¿Existe entonces un denominador común?
Según el profesor Emérito Joe Cummins (17), de la Universidad de Ontario, el denominador común es: “El uso generalizado de semillas envueltas con pesticidas sistémicos tanto para los cultivos convencionales como para los cultivos genéticamente modificados; en particular, la aplicación muy común de una clase, relativamente novedosa, de insecticidas sistémicos, los Neonicotinoides, que son altamente tóxicos hasta en bajas concentraciones, para los insectos incluyendo las abejas.
Las envolturas con insecticidas sistémicas protegen las jóvenes plantitas durante la primera fase, más vulnerable, de su desarrollo. Estas envolturas las constituyen insecticidas y fungicidas sistémicos, que actúan muchas veces en sinergia.
Los insecticidas de la clase de los Neonicotinoides incluyen la imidacloprida, el tiametoxam, el clotianidine y otros más. La imidacloprida es muy común para la envoltura de semillas de legumbres y de cultivos a campo abierto, en particular el maíz, la colza y el girasol.
La imidacloprida se detecta en los suelos, en los tejidos vegetales y en los pólenes usando la espectrometría de masa y la “cromatografía liquida de alto rendimiento”
Las tasas de concentración de insecticida en el polen permiten pensar que las abejas podrían sufrir lesiones cerebrales (18). Desde 2000, los apicultores de Francia e Italia han descubierto que la imidacloprida era fatal para las abejas y sospechan que este insecticida puede provocar el ocaso de las colonias afectando el sentido de orientación de la abeja y su capacidad de regresar a su colmena”.
Numerosos estudios realizados en Europa pusieron en evidencia los daños de la imidacloprida:
- Un equipo de científicos descubrió que el polen producido por plantas procedentes de semillas envueltas con imidacloprida contenía concentraciones significativas del insecticida y sugirió que el polen contaminado era una de las principales causas del síndrome del colapso de las colonias (19).
- Análisis de girasol y de maíz procedentes de semillas envueltas con imidacloprida indicaron que grandes cantidades del insecticida eran llevadas por las abejas dentro de las colmenas (29).
- Abejas nutridas con soluciones azucaradas conteniendo 500 o 1000 ppb (partes por mil millones) del insecticida no podían regresar a su colmena y desaparecían.
Las que eran nutridas con soluciones azucaradas conteniendo 100 ppb (partes por mil millones) del insecticida regresaban sólo después de 24 horas a la colmena (21).
- Abejas nutridas en laboratorio con soluciones conteniendo imidacloprida perdían sus capacidades de comunicación durante varias horas (22).
- Un estudio ha sido realizada en Grecia sobre el impacto del imidacloprida sobre las abejas (49).
- Un estudio fue publicado en el boletín de entomología en Inglaterra sobre el impacto del imidacloprida sobre las abejas (51).
- Un estudio realizado en laboratorio en 2006, en Carolina del Norte, E.U.A., pone de manifiesto que la sinergia de los neonicotinoides con fungicidas muy comunes (tales como Terraguard y Procure) acrecentaba de 1000 veces la toxicidad de estos neonicotinoides.
Cuando el imidacloprida3 se usa para luchar contra las termitas, esta sustancia las desorienta totalmente (Los insectos no pueden reencontrar el termitero) y destruye completamente su sistema inmunitario.
Según Jerry Hayes, responsable de la sección apícola de los servicios agrícolas del estado de Florida, el imidacloprida (3) se usa ahora no sólo para la envoltura de las semillas, pero también en pulverizaciones foliares, en sistemicos y en sinergia con fungicidas. Este pesticida se encuentra sistemáticamente en el polen de las flores.
Según la Universidad de carolina del Norte, el imidacloprida usado para envolver las semillas se encuentra en el polen del maíz, del girasol y de la colza, y en concentraciones peligrosas para las abejas. El imidacloprida destruye la memoria y los procesos cerebrales de la abeja, muy particularmente las zonas del cerebro relacionadas con los recuerdos recientes. Puede que la ingestión de polen fresco o almacenado no sea sinónimo de mortandad pero más bien de perturbaciones de los procesos de memoria de las abejas quienes, desorientadas, no encuentran más el camino de la colmena.
En los E.U.A., todas las semillas transgénicas de algodón, soya, maíz y colza están envueltas con neonicotinoides. Además, la zona refugio se trata con neonicotinoides. Esta zona refugio es una suerte de campo de la muerte para los insectos y ha sido colocada desde 2000 por la Agencia de Protección del ambiente que no tiene ningún medio de verificar su aplicación y que se remite, para ello, a las empresas de biotecnología (25).
Así, por ejemplo, Monsanto pide a los agricultores transgénicos de sembrar 20% de su área cultivada con variedades convencionales con el fin de crear unos “refugios” para desalentar la evolución de los insectos resistentes a los transgénicos. Se les solicita de usar insecticidas sólo cuando el ¡nivel de infestación pone en peligro la viabilidad económica de su cultivo! Así la variedad OGM de Monsanto, el “YieldGard Corn Borer” (24) (con un gen de Bt) debe sembrarse a razón de 80% de la superficie: los 20% que quedan constituyen un “refugio” para sembrar con cualquier otra variedad que no sea “Bt”. Los agricultores que no respetan esta cláusula pueden ser castigados por Monsanto (23), ¡quien puede negarles un acceso ulterior a esa tecnología de punta!
Para concluir: el agricultor se verá privado de OGMs “Bt” si no acepta de hacer un “refugio” con variedades convencionales tratadas a muerte por los insecticidas más tóxicos.
De hecho, la primera flaqueza de la abeja es de ser un insecto y por lo tanto de ser altamente susceptible a los insecticidas (26). Su segunda flaqueza es su poca capacidad para resistir o para mutar. Por lo menos, los demás insectos “salvajes” han guardado esa capacidad de mutar muy rápidamente. Y no se privan de hacerlo.
Pasa lo mismo con las “malas hierbas”. En los E.U.A., las adventicias se han vuelto estrictamente resistentes al RoundUp (el glifosate de Monsanto). Los agricultores no tienen otra opción que usar mezclas de herbicidas para limpiar sus campos. En particular, los campos de soya transgénica son invadidos por amarantos salvajes.
Los pastizales tienen un enorme potencial sin explotar para mitigar el cambio climático al absorber y almacenar CO2, según un nuevo informe de la FAO. Los pastos y las tierras de pastoreo representan un sumidero de carbono que podría superar al que ofrecen los bosques, si se utiliza adecuadamente.
Los 3 400 millones de hectáreas de pastizales -que cubren cerca del 30 por ciento de la superficie terrestre libre de hielo y suponen el 70 por ciento de las tierras agrícolas- pueden desempeñar un papel clave a favor de la adaptación y para reducir la vulnerabilidad al cambio climático de más de mil millones de personas que dependen de la ganadería para vivir, según el documento Review of Evidence on Drylands Pastoral Systems and Climate Change (Estudio de las evidencias sobre los sistemas pastoriles en áreas de secano y el cambio climático).
"El mundo tendrá que utilizar todas las opciones para contener el calentamiento global dentro de los dos grados centígrados. La agricultura y el uso de la tierra tienen el potencial de ayudar a minimizar las emisiones netas de gases de efecto invernadero a través de prácticas precisas, en especial almacenar carbono en el suelo y la biomasa. Estas prácticas pueden incrementar al mismo tiempo la productividad y la capacidad de resistencia de la agricultura, contribuyendo así a la seguridad alimentaria y la reducción de la pobreza", aseguró el Director General Adjunto de la FAO, Alexander Müller.
Degradación del suelo
Se calcula que las tierras de pastoreo almacenan el 30 por ciento del carbono del suelo a nivel mundial, además de la cantidad sustancial del carbono de superficie que almacenan árboles, matorrales, arbustos y hierbas. Pero son muy sensibles a la degradación del suelo, que afecta al 70 por ciento de los pastos como consecuencia del sobrepastoreo, la salinización, la acidificación y otros procesos. La presión sobre los suelos se está también incrementando para poder atender la creciente demanda de carne y productos lácteos.
La mejora de las practicas de gestión para restaurar la materia orgánica en los suelos de los pastizales, reducir la erosión y disminuir las pérdidas derivadas de la quema y el sobrepastoreo puede por tanto ayudar a retener cantidades mayores de carbono, que según algunas estimaciones podrían alcanzar los mil millones de toneladas. Pero ello requeriría un esfuerzo enérgico y coordinado a nivel global y los fondos adecuados.
Un objetivo realizable de inmediato sería dedicar entre el 5 y el 10 por ciento de las tierras de pastoreo a nivel mundial al secuestro de carbono para 2020, lo que supondría almacenar 184 millones de toneladas de carbono anuales.
Es igualmente necesario superar las barreras sociopolíticas y económicas. Entre ellas figuran las cuestiones relacionadas con la tenencia de la tierra, la propiedad comunal y la privatización, la competencia con la agricultura y la falta de servicios de educación y sanidad para los pastores nómadas o que cambian de zona.
Defensa contra la sequía
Incrementar la cantidad de carbono retenida en los pastizales puede ayudar a las poblaciones dedicadas al pastoreo a adaptarse al cambio climático, ya que el carbono añadido mejora la capacidad de retención del agua del suelo y con ello su capacidad para resistir las sequías.
Otra consideración es la defensa de la biodiversidad. Según algunos cálculos, el potencial de biodiversidad de los pastizales es tan solo ligeramente inferior al de los bosques. Pero existen evidencias de que el número de especies de animales y plantas y de microorganismos que residen en las tierras de pastoreo está disminuyendo en forma alarmante a causa de la gestión inadecuada, el cambio de usos del suelo y -de forma más reciente- a causa del cambio climático.
El informe sugiere que las medidas para promover una mejor gestión de los pastizales deben incluir el pago por servicios ambientales, que incluye compensaciones económicas e incentivos no económicos como la creación de capacidad y el compartir conocimientos. El incremento del acceso a los mecanismos de desarrollo y financiación existentes, tales como el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF, por sus siglas en inglés), debería facilitarse a los esfuerzos que contribuyen al uso sostenible de los pastizales y restablecen su potencial de almacenar carbono.
Además de la mitigación del cambio climático, estos esfuerzos contribuirán también a la adaptación al cambio climático y la mejora de los medios de subsistencia de las poblaciones pastoriles y agropastoriles.
Este comunicado fue publicado por la oficina de Relaciones con los Medios, de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, www.fao.org).
La Jornada de México. Gustavo Duch. 22 de diciembre de 2009
El pasado 3 de diciembre se cumplieron 25 años de la fuga de 42 toneladas de pesticidas de la empresa Union Carbide, en Bhopal, India. Más de 12 mil personas murieron y 150 mil sufrieron –o sufren– graves secuelas. La química que mató sigue matando: en ese entonces fue una terrible avalancha, ahora es de gota en gota. Porque la expansión de cultivos transgénicos se acompaña de mayores usos en herbicidas. Un dato: en Estados Unidos la utilización de herbicidas en la superficie cultivada con variedades transgénicas ha incrementado el uso de herbicidas en 46 por ciento en los recientes 13 años. El goteo:
Como tantos días al cerrar el consultorio le quedó pendiente una visita a domicilio. A lomos de su vieja bicicleta partió hacia el rancho de los Quintero. Sus rodillas y los hierros de la bicicleta crujían a dúo entonando una agradable milonga, y así, canturreando se alejaba de la ciudad. A unos 500 metros pasó por los grandes silos de soya y aceleró la marcha, un poco inconscientemente y un mucho conscientemente. Si esos silos salieron del centro de la ciudad y ahora están allí fue por su persistencia. Ante media Argentina apeló demostrando, con informes y analíticas, que eran causa de muchas enfermedades respiratorias y alérgicas de la población. Pero, a medio kilómetro, de poco servía. Los vientos, que soplan aunque se lo tengan prohibido, reparten polvo de soya por todas las casas.
Si no fuera médico rural, sería médico rural, decía siempre don Rodolfo. Aunque en la Colonia de Malabrigo el Intendente y algunos terratenientes de la soya hicieron bastante para que dejara de ejercer, y para que dejara de ser.
–Dígame, Fausto, ¿qué le ocurre?
–Arrastro mucha tos y dolor de cabeza.
–¿Desde cuándo?
–Pues serán unas semanas, al volver de la chacra. Por allí pasan las avionetas rociando veneno, ya sabe usted, para las malezas, para que sólo se dé la soya. Estaba lejos de los galpones y no me pude proteger.
Quince años contabilizando casos de abortos, malformaciones, hidrocefalia, cáncer de intestino y estómago, úlceras en la piel, melanomas…, registros que escrupulosamente lleva, anota y hace saber. Los datos que aporta don Rodolfo de la Colonia de Malabrigo de todas estas enfermedades son muy superiores a los promedio de cualquier otro lugar. Con sus registros y los de otros sanitarios y sanitarias se construye la lucha de las organizaciones campesinas, de colectivos de mujeres afectadas y de la solidaridad internacional frente al ecocidio de la agroindustria de la soya. Un soyacidio con responsables identificables.
A medida que se acercaba al rancho de los Quintero una inquietud asomaba por su garganta. ¿Sería Gabi, la mayor de los hermanos, con otra de sus recaídas? Gabi creció en los años de los donativos de soya. Era tanta la soya que se cosechaba como el hambre que se generaba. Por eso el gobierno obligó a las empresas soyeras a entregar a la beneficencia una pequeña proporción de esa soya. A las familias más pobres se le regalaban bolsas de soya junto con un recetario: albóndigas de soya, flan de soya, milanesa de soya, espaguetis de soya… y todito a base de soya. Pero las niñas y niños no son vaquitas y su desarrollo infantil fue medio precario.
El rancho marcaba una frontera invisible con los antaño bosques del Impenetrable chaqueño. Las talas de los quebrachos –el árbol portento de los indios wichis– para campos de soya hacían del nombre del territorio una durísima paradoja. Don Rodolfo no sabía aún que cientos de vacas estaban muriendo por la sequía de ese año. Sin quebrachos cantando a las nubes, explican, nunca volverá a llover.
–¡Ahora no! ¿Qué hacía aquella avioneta fumigando los campos? Don Rodolfo se apeó de la bicicleta y se enfundó su impermeable, guantes de motorista y unas gafas de bucear. Un astronauta pedaleando por el Chaco argentino. Al poco vio a Pedro y a su hermano, cada uno de ellos en uno de los lindes de un campo de soya, agitando unos banderines, como haciendo señales desde la proa de un barco. Sus banderines ayudaban a las avionetas fumigadoras a determinar donde regar sus venenos. Y así, campo a campo, actualmente en todo el norte de Argentina, miles de muchachos de 14 y 15 años trabajan como banderilleros para el agronegocio de la soya que alimentará el ganado europeo.
Don Rodolfo corre hacia ellos, grita y grita... salir de ahí. ¡Os riegan con veneno!
Mientras en el traspatio de la casa de los Quintero, la abuela, con una pequeña regadera en su mano, delicadamente riega –con agua, sólo con agua– unas lechugas, unas matas de tomates y otras pocas de judías.
Los alimentos que consumimos recorren miles de kilómetros antes de llegar a nuestro plato con el consiguiente impacto ambiental y coste económico. Esther Vivas, miembro del Centro de Estudios sobre Movimientos Sociales de la Universitat Pompeu Fabra, defiende la soberanía alimentaria como un derecho.
No son teorías ni se trata de un discurso académico. Hablamos de la vida y de la muerte de millones de personas en el planeta. Y también de democracia, del derecho de los consumidores a decidir. La soberanía alimentaria, el derecho no reconocido de los pueblos.
-¿Qué debemos entender por soberanía alimentaria?
Soberanía alimentaria es el derecho de los pueblos a controlar la producción, la distribución y el consumo de alimentos. Devolver a las comunidades su capacidad de decisión y control, su “soberanía”, en el terreno agrícola y alimentario. En las últimas décadas se ha producido una creciente privatización y mercantilización de los recursos naturales y de la comida. Desde el primer tramo de producción de los alimentos, las semillas, hasta la distribución y venta final, unas pocas empresas monopolizan cada uno de los tramos de la cadena agroalimentaria. Ésta es la lógica que busca romper la soberanía alimentaria.
-Dentro de nuestra sociedad de consumo la comida ha dejado de tener un valor fundamental para pasar a ser un bien mercantil. ¿Con qué consecuencias? ¿Qué hemos perdido en el camino?
Las consecuencias las podemos observar en las dramáticas cifras que nos muestra la crisis alimentaria actual: más de mil millones de personas, uno de cada seis habitantes del planeta, pasan hambre. Cuando, paradójicamente, nunca en la historia se había producido tanta comida como ahora. La producción de alimentos desde los años 60 hasta hoy se ha multiplicado por tres, mientras que la población mundial tan solo se ha duplicado. Pero, ¿qué sucede? Si no tienes recursos para pagar el precio de los alimentos, no comes. Esto es lo que pasó con el estallido de la crisis alimentario en los años 2007 y 2008 cuando se produjo un aumento muy importante del precio de los alimentos debido a una serie de causas coyunturales (inversión en agrocombustibles, especulación con materias primas, etc) y estructurales (las políticas neoliberales que se han venido desarrollando estos últimos años). Esto multiplicó el precio de los cereales básicos convirtiéndolos en inaccesibles para amplias capas de la población, especialmente en los países del Sur.
-Lo que llega al supermercado, las ofertas de la semana, lo que al final llega a nuestro plato… ¿de qué depende? O mejor dicho, ¿quién lo decide?
Si partimos de que la población campesina tiende a desaparecer, que en el Estado español tan solo un 5% de la población activa trabaja en el campo, que se vive una creciente “descampesinización”. Entonces, ¿de quién depende nuestra alimentación? La respuesta es clara: multinacionales como Cargill, Monsanto, Nestlé, Carrefour, Alcampo, entre muchas otras, acaban determinando qué se consume, cómo, de dónde proviene y qué se paga. Por lo tanto, nuestro derecho a la alimentación, como hemos visto con la crisis alimentaria global, está gravemente amenazado.
-¿Contra qué fantasmas tiene que luchar el consumidor? ¿Cómo puede contribuir a la soberanía alimentaria el ciudadano de a pie?
En primer lugar, ser conscientes de la lógica mercantil que impera en el modelo agroalimentario actual y de la connivencia entre poder político y empresarial. No es necesario ir muy lejos. En Catalunya, en julio de este año, el Parlamento catalán rechazó el debate sobre una Iniciativa Legislativa Popular promovida por la Plataforma Som lo que sembrem y avalada por más de cien mil personas que instaba a una moratoria en el cultivo de transgénicos. Los partidos políticos prefirieron plegarse a los designios de la industria agroalimentaria protransgénica y vetar el debate.
¿Qué podemos hacer? Actuar colectiva y políticamente. En el ámbito del consumo participar en cooperativas de consumo agroecológico que establecen una relación directa entre productor y consumidor, creando relaciones de solidaridad entre el campo y la ciudad, abogando por un consumo social y ecológicamente justo. También es necesario movilizarse y crear alianzas con otros movimientos sociales de mujeres, campesinos, sindicalistas, estudiantes, inmigrantes, entre muchos otros. Porque para avanzar hacia otro modelo de producción, distribución y consumo es necesario un cambio de paradigma y este cambio sólo será posible con la movilización social y con una perspectiva política de ruptura con el orden de cosas actual.
-El derecho internacional garantiza la soberanía interna y externa de un Estado. Pero, ¿quién garantiza su soberanía alimentaria?
La soberanía alimentaria debería de estar garantizada por los Estados, pero hoy en día los dictados de la Organización Mundial del Comercio, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, con el beneplácito de los gobiernos de los distintos países, dejan la economía, la alimentación, el bienestar, la salud, el medioambiente… en manos del mercado. Es necesario y urgente cambiar estas políticas, pero para hacerlo es fundamental una correlación de fuerzas favorable en manos de “los de abajo”, las y los resistentes. Hay que trabajar en esta dirección.
-Los agricultores se quejan de que cada vez reciben menos dinero por sus productos mientras que el consumidor los paga cada día más caros. ¿Cómo controlar la cadena de alimentación?
Hoy, en el Estado español siete empresas controlan el 75% de la distribución de los alimentos. Se trata de Alcampo, Carrefour, Mercadona, Eroski y el Corte Inglés, junto con otras dos centrales de compra. Y la tendencia va a más. En países norte-europeos como Suecia tres grandes cadenas de distribución controlan el 95% de la distribución de aquello que comemos. Es lo que se conoce como “teoría del embudo” o del “reloj de arena”. En un extremo de la cadena comercial tenemos a las y los campesinos y en el otro las y los consumidores y en medio unas pocas empresas monopolizan la comercialización de alimentos, consiguiendo grandes márgenes de beneficio a costa de todos nosotros.
-Millones de personas pasan hambre y la cifra va en aumento. Las cifras indican que no es un problema de producción. ¿Quién está haciendo negocio con ello?
Las multinacionales de la industria agroalimentaria. En plena crisis alimentaria, las mayores empresas del sector anunciaban cifras récord de ganancia. En concreto, las principales compañías de semillas, Monsanto y Du Pont, declaraban una subida de sus beneficios del 44% y del 19% respectivamente en el 2007 en relación con el año anterior. En la misma dirección apuntaban los datos de las empresas de fertilizantes: Potash Corp, Yara y Sinochem vieron crecer sus beneficios en un 72%, 44% y 95% respectivamente entre el 2007 y el 2006. Las procesadoras de alimentos, como Nestlé, señalaban también un aumento de sus ganancias, así como supermercados como Tesco, Carrefour y Wal-Mart. Y es que incluso hay quien hace negocio con el hambre.
Entrevista publicada en la Revista Fusión, 04/12/09.
Escrit per Pedro Cano i publicat en la revista que edita la cooperativa el Rebost
¿PORQUÉ CONSUMIR PRODUCTOS ECOLÓGICOS?
Los distintos informes que publica cada año la Unión Europea en cuanto a la presencia de residuos químicos en los alimentos ponen en evidencia que existe un porcentaje considerable de éstos que contienen niveles de pesticidas que superan los limites máximos establecidos. Y esto se produce a pesar de que en los países de nuestro entorno los controles y el seguimiento de la utilización de pesticidas son cada vez más rigurosos.
(anécdota C. Narbona)
Por el contrario los alimentos ecológicos no contienen residuos de pesticidas en niveles significativos, como aparece reflejado en todos los estudios realizados en nuestro país y en otros. Y además los alimentos ecológicos contienen otras cualidades en cuanto al contenido de materia seca, proteínas, minerales etc. superiores a las de los alimentos procedentes de la agricultura convencional o industrializada.
Se acaba de publicar un libro de la Dra. Dolores Raigón , de la Universidad de Valencia en que se analizan estos aspectos en base a sus numerosos estudios y otros muchos recopilados, y que sistematiza los conocimientos dispersos que hasta ahora teníamos sobre la materia.
¿Cuál es la situación actual del sistema agroalimentario del que nos alimentamos?
Desde 1940 se han estado produciendo intensos cambios tecnológicos en la agricultura relacionados con la mecanización agraria, la genética, la química etc. que han dado origen a la llamada revolución verde, que ha incrementado considerablemente la productividad de los cultivos sin por ello solucionar el problema del hambre en el mundo que, como se ha demostrado sobradamente, es un problema de distribución mundial de los alimentos y no de producción, y además ha comportado a largo plazo una serie de efectos perversos como son la erosión genetica, incremento del coste energético, pérdida de fertilidad y aumento de erosión en los suelos, contaminación de los recursos naturales y del medio ambiente en general, así como una perdida integral de la calidad de los alimentos que va desde la disminución de su valor nutritivo hasta el incremento de patologías asociadas a su composición química y que tienen su origen principalmente en la intensificación de la fertilización química, uso masivo de pesticidas, tratamientos de conservación post-cosecha y procesos posteriores de industrialización y comercialización en que el alimento se concibe y trata como un producto industrial más y no como un elemento básico de la salud humana.
Los objetivos de la agricultura convencional industrializada han estado centrados básicamente en el aumento de la productividad, olvidando las características cualitativas como la óptima maduración, el equilibrio nutricional, la disminución de los niveles tóxicos etc. Asimismo en la producción ganadera se ha buscado el aumento de los rendimientos olvidando el bienestar animal y la alimentación sana y equilibrada de los animales. Todo ello se ha traducido en que la búsqueda del valor nutricional de los alimentos ha sido una preocupación insignificante en todo el proceso de industrialización agraria que venimos comentando.
En consecuencia los riesgos potenciales mas importantes asociados a la dieta humana son la contaminación microbiológica y el desequilibrio nutricional, además de los contaminantes medioambientales, tóxicos de diversa naturaleza, residuos de pesticidas y acumulación de aditivos alimentarios. Es casi imposible escoger una dieta que esté libre de todos los riesgos potenciales a los cuales están expuestos los alimentos. Mientras la ciencia desarrolla herramientas para combatir alguno de estos riesgos, los cambios en la tecnología agrícola, los nuevos modelos de comercialización de los alimentos, las comidas preparadas y los cambios en los hábitos dietéticos están aumentando los riesgos asociados a la seguridad alimentaria.
Las técnicas agroalimentarias de producción ecológica intentan minimizar estos riesgos, y tienen un marcado efecto positivo sobre la calidad final de los alimentos ya que inciden en la disminución de contaminación por pesticidas, la composición nutricional equilibrada de los alimentos, así como en la mejora de sus cualidades organolépticas.
La consciencia de que la alimentación puede ser fuente de nuestra salud o causa de nuestra enfermedad viene de lejos, y tenemos constancia de ello en los escritos de los clásicos grecolatinos y hasta nuestros días. Citaré solo un ejemplo que tiene gracia: En el s. XVII el médico inglés George Herbert afirmó "Quien quiera que haya sido el padre de la enfermedad, una mala dieta fue su madre"
Últimamente se ha demostrado la influencia de los modelos dietéticos sobre la salud habiéndose reconocido un aumento de ciertas enfermedades crónicas no contagiosas como consecuencia de la dieta y los hábitos de vida.
Nuestros hábitos alimenticios actuales precisan de una revisión cuantitativa y cualitativa. Antiguamente los productos agrarios eran consumidos por los propios productores y su entorno sin sufrir prácticamente ninguna transformación ni prácticas abusivas en su producción y conservación. Actualmente la industria agroalimentaria transforma los productos agrarios en alimentos con distinto sabor y características de los productos originales aumentando con ello los riesgos sobre su calidad y salubridad.
Actualmente existen tres temores asociados a la producción agroalimentaria que preocupan al consumidor:
A) Las sustancias que se añaden intencionalmente a los alimentos para facilitar o mejorar su conservación y aspecto (aditivos). Estas sustancias han de ser legales y especificarse en los envoltorios y en concentraciones rigurosamente estipuladas, pero al cabo del año ingerimos grandes cantidades de ellas.
B) El peligro de las sustancias tóxicas que proceden del medio ambiente, del aire, el agua y la tierra, y que llegan a los alimentos sin intencionalidad, de forma fortuita.
C) La posible repercusión que los métodos de obtención de materias primas y conservación de los alimentos puedan tener sobre su valor nutritivo y su salubridad. Las enfermedades mas graves estudiadas, con este origen, son:
- Síntomas de toxicidad aguda o crónica por residuos de plaguicidas (se da principalmente en el sector de la población que los manipula: agricultores, trabajadores de la industria química, operadores intermedios etc.)
- Trastornos hormonales y del sistema inmunitario: Pueden afectar las glándulas suprarrenales y el tiroides, producen alteraciones del sistema nervioso y del comportamiento, debilitamiento del sistema inmunitario y vulnerabilidad a cánceres relacionados con el sistema endocrino (cáncer de mama, de próstata, de testículos, de ovarios o de útero)
- Trastornos reproductivos y teratogénicos: esterilidad en hombres, desarrollos anómalos femeninos y malformaciones de nacimiento.
- Cánceres: derivados de las sustancias directamente o de los metabolitos de degradación de los productos fitosanitarios.
En relación a la toxicidad producida por los productos fitosanitarios a través de los alimentos hay que distinguir entre:
- Alimentos que contienen sustancias que inicialmente no son tóxicas pero que devienen tóxicas tras sufrir una serie de transformaciones en el organismo
- Alimentos que contienen alguna impureza más peligrosa que el producto mismo (dioxinas)
- Alimentos que presentan sustancias sinérgicas que generan una elevada toxicidad. P.ej. el carbaryl (fitosanitario) que al combinarse con nitrato da nitrosocarbaryl que es un potente cancerígeno.
¿Qué aportan de positivo los alimentos ecológicos?
Frente a este tipo de agricultura convencional, química, intensiva e industrializada, gran consumidora de recursos no renovables y que ocasiona importantes impactos ambientales nace un modelo agrario, la agricultura ecológica, biológica u orgánica, basado en la agricultura tradicional actualizada con el moderno conocimiento científico, cuyos principios son cuatro: Principio de salud, principio ecológico medioambiental, principio de justicia y principio de precaución, y que tiene las siguientes ventajas con respecto al modelo descrito con el que nos estamos alimentando en la actualidad:
- No puede utilizar (por principios filosóficos y por normativa legal) hormonas, medicamentos, conservantes, y todos aquellos elementos de síntesis química que pueden conllevar riesgos para la salud.
- No es tan despilfarradora de energía y recursos no renovables, sobre todo si es además de producción local, ya que si hablamos de agricultura ecológica globalizada (productos que circulan de una punta a otra del mundo) hay tambien un gran consumo de energía en el transporte y la conservación.
- Los productos, al estar fertilizados con materia orgánica, tienen menor contenido en nitratos que los de la agricultura convencional.
- Tienen una mejor composición nutricional y un mayor contenido en potasio y calcio básicamente.
- Tienen mayor contenido en hierro y fósforo, que son elementos esenciales en la dieta humana.
- Tienen menor contenido en agua(entre un 5-30%)que los productos agrícolas convencionales, ya que en éstos las altas dosis de nitratos recibidas hacen que fijen mas agua en las células. Esto es interesante porque cuanto menos agua tenga el producto mayor es su concentración en elementos nutritivos (mayor calidad nutritiva) y además se alarga y facilita su proceso de conservación natural, aumentando así su calidad final, ya que la velocidad de respiración y la actividad enzimática a temperatura ambiente se ralentiza pues el agua de los alimentos proporciona el medio adecuado para los microorganismos y las reacciones enzimáticas de descomposición (en ensayos descritos en el libro de la Dra. Raigón la col china ecológica se conserva 20 días más que la convencional en condiciones de ambiente natural). El menor contenido en agua también influye directamente sobre el coste relativo del producto
- Las hortalizas, cítricos y frutas rojas (fresas, moras, grosellas, frambuesas etc) ecológicas aparecen en los ensayos como muy beneficiosos para la salud dados sus elevados contenidos en vitamina C, polifenoles y antioxidantes totales, lo cual reduce la incidencia de enfermedades cardiovasculares y potencia el efecto protector contra el cáncer.
- En cuanto a calidad sensorial: aspecto, textura, olor y gusto, se puede decir que los productos hortofrutícolas ecológicos contienen una fracción mayor en aceites esenciales por lo que son más aromáticos. No obstante hay que decir que la mayor calidad sensorial corresponde a los productos que han madurado en la planta hasta su punto óptimo. Cuando los productos se comercializan a grandes distancias se recolectan verdes, tanto si son convencionales como ecológicos, lo cual va en detrimento de su calidad organoléptica. Por eso lo más recomendable es consumir productos ecológicos de producción local en los que los procesos de conservación y los circuitos de transporte son mínimos.
- Los productos ecológicos presentan en general menores calibres y sus formas se adaptan más a las originales de las variedades, sin deformaciones comerciales. En cuanto a los colores, los verdes de las hortalizas de hoja son menos intensos que los productos convencionales debido al menor contenido de clorofila por no incorporar fertilizantes nitrogenados de origen químico, y el color de la yema de los huevos es de un amarillo más pálido que los convencionales que tiran a anaranjado por la introducción de colorantes en los piensos de las gallinas.
En resumen el consumo de productos ecológicos es una opción consciente a favor de nuestra salud, de la conservacion del medio ambiente y de justicia social, si ademas consumimos productos locales que contribuyen a mantener vivo el tejido socioeconómico que representan nuestros agricultores locales